Los frutos secos son un excelente snack y un tesoro nutricional, pero debido a su alto contenido de grasas saludables (aceites naturales), son propensos a ponerse rancios si no se cuidan adecuadamente. La luz, el oxígeno, el calor y la humedad son sus principales enemigos.
Para mantener su textura crujiente y su sabor intacto, dale un vistazo a estos consejos clave:
1. El recipiente adecuado: Vidrio y hermético
Olvídate de las bolsas plásticas en las que vienen del supermercado una vez que las abras. El mejor aliado de los frutos secos es un frasco de vidrio con tapa hermética. Esto evita la entrada de oxígeno y humedad, impidiendo que se ablanden o absorban olores extraños.
2. Ubicación ideal: Fresco, seco y oscuro
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A corto plazo (semanas): Si los vas a consumir pronto, guardá el frasco en una alacena o despensa oscura, fresca y alejada de fuentes de calor (como la cocina o el horno).
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A mediano plazo (meses): La heladera es tu mejor opción. El frío ralentiza el proceso de oxidación de las grasas.
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A largo plazo (hasta un año): ¡Se pueden congelar! Los frutos secos contienen muy poca agua, por lo que no se van a congelar como un bloque de hielo. Podés sacarlos del freezer y consumirlos casi de inmediato; solo dejalos templar unos minutos.
